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Secuelas cardiovasculares de la obesidad

La obesidad se ha convertido en uno de los problemas de salud pública más frecuente en países industrializados y en algunos países en vías de desarrollo hasta alcanzar características epidémicas a nivel mundial;  es el quinto factor principal de riesgo de defunción en el mundo.

Cada año fallecen casi 3 millones de personas adultas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad. Algunas enfermedades como la diabetes, las cardiopatías isquémicas y ciertos tipos de cánceres se atribuyen al sobrepeso y la obesidad. De acuerdo a datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud en 2008, más de 500 millones de personas mayores de 20 años sufren de obesidad. Esto significa que una de cada diez personas adultas a nivel mundial, son obesas.

La magnitud de los costos económicos generados por la obesidad es sin duda alguna preocupante ya que no sólo se invierte en costos directos como prevención, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de enfermedades directamente relacionadas con la obesidad, sino también en los costos indirectos asociados a ella, tales como: la incapacidad laboral, pensión, jubilación o muerte prematura; además, hay costos  intangibles, derivados de  las consecuencias sociales de la enfermedad, como lo son la pobre calidad de vida, la dependencia social y la discriminación, entre otros.

Entre las enfermedades directamente relacionadas con la obesidad se ha encontrado que, la distribución de grasa es un factor de salud importante ya que aquellos que acumulan un exceso de grasa en el abdomen son más propensos a trastornos metabólicos como, hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares que los que depositan el exceso de grasa en los miembros inferiores o cadera.

La obesidad también es un factor de riesgo para la mortalidad y morbilidad por enfermedad coronaria, se considera que la obesidad es uno de los tres  factores de riesgo más comunes  en enfermedades coronarias. Con la obesidad, el corazón debe bombear más sangre de la que está preparado para procesar, se produce un exceso de actividad que lo desgasta y puede provocar insuficiencia cardiaca, además la sangre que pasa por el corazón contiene un alto contenido de colesterol, aumentando así el riesgo de sufrir obstrucción de las arterias coronarias que son las que irrigan el corazón y como consecuencia produce un infarto agudo al miocardio y por ende la muerte.

Por otro lado, el exceso de grasa en el cuerpo  tiende a depositarse en las arterias del cerebro, los vasos sanguíneos se van haciendo más angostos y el paso de la sangre puede ser tan estrecho que es muy factible que se tapen dichos hemoductos provocando un accidente vascular cerebral.  Del mismo modo la obesidad provoca que las venas de los miembros inferiores tengan que hacer un gran esfuerzo para llevar la sangre de la periferia al corazón y cada vez se van haciendo más limitados presentándose la insuficiencia venosa que se manifiesta con las varices, ya que cada vez se van debilitando más y más las paredes venosas causando incluso, ulceras en la piel.

Otro riesgo importante de la obesidad es la hipertensión arterial sistémica (H.A.S). La relación entre la obesidad y esta enfermedad ha sido ampliamente documentada, la presión se incrementa con el aumento del índice de masa corporal y ha sido demostrado que la prevalencia de H.A.S es aproximadamente 3 veces mayor en pacientes obesos  que en individuos normales. Adicionalmente, el riesgo de desarrollar H.A.S entre los 20 y 44 años de edad es de cinco a seis veces mayor en individuos obesos.

Entre las complicaciones que se pueden presentar por la H.A.S se encuentra la crisis hipertensiva, enfermedad arterial coronaria, cerebrovascular y renal, insuficiencia cardiaca congestiva, enfermedad vascular periférica, aneurismas, disección de la aorta y muerte súbita.

La obesidad ha existido desde hace mucho tiempo y ha sido causa de muerte, Hipócrates hace más de 2000 años manifestaba que “la muerte súbita es más frecuente en el obeso que en el individuo delgado”. En concreto, no existe duda de que la obesidad es causa de daño multiorgánico ya que está directamente relacionada con enfermedades como la diabetes mellitus, cardiopatía isquémica, enfermedad cerebro vascular e hipertensión arterial sistémica que por sí mismas dichas enfermedades causan otro tipo de daño orgánico, llevando a la persona a la muerte.

Afortunadamente la obesidad puede prevenirse manteniendo una dieta adecuada, rica en fibras y con un bajo contenido de grasas saturadas. El cuerpo necesita ciertas grasas dentro de la dieta diaria para absorber las vitaminas que son solubles en grasas y necesarias para el buen funcionamiento del organismo.

Grasas como Omegas 3, 6, 9 producen enzimas que favorecen a la salud y deben estar presentes en una dieta saludable, ya que:

Los Omega 3: Bajan la presión, regulan los triglicéridos, mejoran la visión, nervios y cerebro.

Los Omega 6: Bajan la inflamación, mejoran la piel, cabello y regulan las hormonas.

Los Omega 9: Reducen el colesterol malo, promueven el bueno y evitan problemas cardiovasculares.

Este tipo de grasas, se transforman en hormonas que regulan las funciones cardiovasculares, inmunológicas, digestivas y reproductivas.

Aceite Capullo es el único aceite con CardiOmegas, que ayudan a obtener el mayor contenido de Omega 3, disminuir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y absorber la menor cantidad de grasas saturadas, lo que favorece la salud de toda tu familia.

También se debe realizar ejercicio físico de acuerdo a la edad y complexión corporal y consultar a su médico dos veces al año en personas sanas; o bien si ya existe alguna de estas enfermedades lo recomendable es que consulte a su médico especialista quien lo apoyará a establecer las medidas pertinentes de acuerdo a su padecimiento.

Día a día podemos ver como la obesidad afecta a gente cada vez más joven. México tiene el segundo lugar a nivel mundial en obesidad infantil, también podemos ver a niños y jóvenes con problemas de hipertensión y diabetes.

 La única forma de acabar con esta epidemia es con educación. Debemos enseñar a las nuevas generaciones a tener mejores hábitos alimenticios y  a practicar ejercicio como una parte fundamental para poder lograr un desarrollo integral como personas, vivir con una mejor calidad de vida y contribuir a formar una sociedad saludable.

 

Fuente: Capullo

 

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