Pages Menu
TwitterRssFacebook
Categories Menu

Posted in Avances, Diabetes, En movimiento

¿Sabías que tu cerebro regula el balance energético?

El balance energético implica equilibrio de las kilocalorías que ingieres y el ejercicio que debes hacer para quemarlas, antes de que se conviertan en energía acumulada en forma de grasa.

Pero también, de acuerdo con Lucy F. Faulconbridge, y Matthew R. Hayes, investigadores del Centro para el Control de Peso y Trastornos Alimenticios del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Perelman, en la Universidad de Pennsylvania, un balance energético saludable tiene un alto impacto positivo en el proceso celular para la supervivencia y la reproducción.

Aspectos como la cantidad de kilocalorías necesarias y la sensación de satisfacción que la ingesta genera, son regulados por las partes centrales y periféricas del cerebro mediante procesos conocidos como dominio de control, entre los que se encuentran el homoestático, cuya función es la de regular y mantener un ritmo constante de funcionamientos metabólicos. También se activan procesos hedonistas, que tienen que ver con una satisfacción del apetito. Estas partes centrales y periféricas del cerebro forman parte del Sistema Nervioso Central que en balance energético funciona como regulador entre la ingesta y el gasto de energía.

Para entenderlo de una forma sencilla: podemos visualizar a nuestro cuerpo como un complejo sistemas de carreteras que se encuentran interconectadas, por ellas viajan toda clase de fluidos y sustancias necesarias para que funcionemos correctamente. Algunas de estas carreteras que tienen puentes para comunicarse son aquellas que conectan al cerebro con el tracto gastrointestinal, así como entre el cerebro y otros tejidos importantes (el tejido adiposo, el páncreas y el hígado). Gracias a este complejo sistema, el cerebro es capaz de percibir la cantidad de alimentos que introducimos a nuestro cuerpo, y responde de acuerdo al estado de energía y las necesidades del cuerpo.

Pero por este sistema sólo puede transitar cierta cantidad de nutrimentos y kilocalorías, por lo que, al registrar una afluencia que lo rebasa, registra un tráfico que retrasa su proceso normal. Por ejemplo, si una carretera que comunica el tracto gastrointestinal con el cerebro presenta tráfico pesado, difícilmente hormonas tan importantes en el control del peso como la leptina podrán llegar a su destino. La hormona de la leptina funciona como mensajera que transporta la información de la cantidad de grasa con la que cuenta el cuerpo y hasta es capaz de dar un informe detallado al receptor cerebral de cuándo tenemos grasa suficiente para vivir y realizar actividades extra. El tráfico impide que tal reporte llegue hasta al cerebro; éste al desconocer la información, sigue permitiendo que las comidas y bebidas entren sin control pues no hay reportes de satisfacción, dando lugar a síndromes como obesidad, resistencia a la insulina, y en última instancia, la exposición a una posibilidad de mayor de aumento de peso y diabetes tipo 2.

Actualmente se llevan a cabo estudios en humanos para precisar aún más el funcionamiento de estas carreteras. Estudios recientes examinan la influencia que ciertas regiones del cerebro tienen en las áreas de los homeostáticos, así como su capacidad de respuesta a las señales periféricas. Con un mayor entendimiento de estos mecanismos, podrán acercarse a una comprensión que quizás alcance al campo de la psicología para, finalmente, crear tratamientos más precisos toda vez que se pueden determinar las causas de la obesidad.

Pero en lo que estos estudios llegan a su comprobación científica, se pueden evitar estos tráficos controlando las kilocalorías que comemos y bebemos, y teniendo en cuenta que una forma de evitar congestionamientos en nuestras carreteras internas, es con actividad física.

 

Fuente:

Lucy F. Faulconbridge and Matthew R. Hayes. Regulation of Energy. Balance and Body Weight by the Brain: A Distributed System Prone to Disruption. Psychiatr Clin N Am 34 (2011) 733–745

 

Post a Reply