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Posted in Cuida tu diabetes, Destacados

Obesidad infantil fuerte causa de bullying

bullying chCuando hablamos de bullying nos referimos a  todo tipo de acciones negativas que pueden ser verbales, psicológicas e, incluso, físicas, que llevan a la víctima a situaciones de acoso e intimidación, infundiendo miedo o terror.

Asimismo, es importante mencionar que aunque puede comenzar como una simple broma, puede llegar a convertirse en algún tipo de abuso serio, donde la víctima de bullying se encuentra expuesta a estas agresiones en repetidas ocasiones y durante un periodo de tiempo considerable, lo que muchas veces puede ocasionar trastornos graves que pueden orillarla, incluso, a quitarse la vida.

Las causas por las cuales una persona ejerce bullying sobre otra pueden ser diversas y los niños obesos no son la excepción. Diferentes estudios han mostrado la asociación entre la obesidad y el maltrato infantil, señalando que la obesidad en el niño puede ser la causa de diversos tipos de agresión, como el acoso u hostigamiento en la escuela (“bullying”), lo cual impacta de forma negativa, cualquiera que sea el motivo, en el desarrollo psicosocial del niño.

Para hacer frente a los actos de bullying, primeramente, es importante hablar con el bully y enseñarle a ser empático, a respetar y a tener compasión; dejarle claro cuáles son las expectativas que se tienen en cuanto a su comportamiento y hacerle saber, de una manera clara, que las consecuencias del bullying pueden ser fatales. Enseñar con el ejemplo es esencial.

Es muy importante lograr que la víctima no se sienta responsable por las agresiones que sufre e intentar que no caiga en el juego de los bullies; es decir, que no se enoje o trate de defenderse, ya que esto provocará que el bully lo siga atacando. Debe permanecer tranquilo e, inclusive, no hacer nada e irse. Asimismo, es muy importante inculcar la confianza para buscar ayuda en su escuela o con cualquier adulto de confianza.

Para enfrentar esta inminente realidad que hoy nos aqueja, hay diferentes acciones que se pueden tomar. Primeramente, el afectado debe sentirse seguro de sí mismo; hacer todo lo que esté en sus manos para ser un buen amigo y, paralelamente, tener, al menos, un buen amigo que esté siempre con él; en las buenas y en las malas; para ello, es muy importante saber detectar cuándo es conveniente entrar o salir de un grupo de amigos.

El maestro, por su parte, juega un papel relevante en esta problemática y debe empezar a tomar acción haciendo recorridos por la escuela, sobre todo en espacios que normalmente no están supervisados, además de crear y promocionar campañas y/o programas de prevención contra el bullying, así como observar y prestar atención al comportamiento y convivencia de sus alumnos, con el fin de estar en mejores posibilidades de detectar conductas incorrectas.

En lo que respecta a los contenidos educativos, resulta imperante contar con una metodología regida bajo ciertos valores que no permitan que el bullying suceda. Trabajar la inteligencia emocional del niño es uno de los principales factores anti-bullying que existen.

Si no fue posible detectar a tiempo la amenaza del bullying y se ha convertido en una realidad, existen 7 pasos fundamentales para detenerlo.

En este orden de ideas subrayo que la tolerancia y el respeto son fundamentales a la hora de evitar el bullying, y esto se consigue a base de la empatía que se siente por el otro.

1.- Disciplina

Entendamos por disciplina las reglas del salón (que en todo tiempo debe conocer el padre de familia) con las que nos vamos a regir. De acuerdo a la experiencia que me han compartido muchas escuelas y tras ver día con día lo que acontece en la mía propia, aconsejo ampliamente que entre todos hagamos las reglas, ya que si los niños son partícipes, es más fácil que lo lleven a cabo. Esto se logra con pasos tan sencillos como realizar preguntas tales como:

-¿Te gustaría que se burlen de ti? No. REGLA: No hay burlas

-¿Cómo te gusta que te digan? Por mi nombre. REGLA: No hay apodos

Esto conlleva a un ambiente de tolerancia y respeto que, insisto, representa la base sin la cual los demás pasos no tendrían éxito. Concretamente hemos detectado que en México tenemos que ser muy cuidadosos con los apodos y sobrenombres.

2.- Propiciar oportunidades para hacer cosas buenas

Es un ejercicio que se hace dentro del salón de clases donde ya hay reglas establecidas. Aquí de lo que se trata es de identificar las diferentes habilidades en cada uno de los niños, y conforme a ellas, formar equipos pequeños (5 integrantes). En cada equipo el niño que cuente con la habilidad que estemos enfatizando en ese momento, será el “líder” del equipo y explicará a todos sus integrantes todo aquello que no entiendan y resolverá sus dudas, de manera que el líder se siente  escuchado y “admirado” y el resto del equipo empieza a ver cómo alguien los ayuda y los entiende, sin burlarse de ellos por carecer de la habilidad con la que el líder cuenta. De igual forma los niños empiezan a reconocer que todos somos diferentes y tenemos diferentes habilidades, lo que contribuye a quitar “etiquetas” y, al mismo tiempo, ayuda al maestro a identificar líderes en diferentes áreas y no sólo la académica.

3.- Nutrir la empatía

Generalmente, la empatía se logra con mayor facilidad si se trabaja en parejas que alternan constantemente. En pareja nace esa solidaridad de ganar o perder “juntos”. Se deben fomentar actividades para que los niños se conozcan entre sí y comprendan el comportamiento de sus compañeros, por ejemplo a través de entrevistas entre ellos.

4.- Enseñar habilidades necesarias para tener y conservar una amistad

Este es un ejercicio que se hace de la mano del alumno, a base de preguntas y respuestas. Su objetivo es hacer que el niño descubra esas habilidades para tener y conservar una amistad. Se trata de construir los detonadores tales como la lealtad y la confianza, que generen una buena amistad, pero el niño tiene que ser protagonista de ello. Que sean los alumnos quienes lo pongan sobre la mesa con sus propias palabras. El maestro los puede ir guiando, pero, para que funcione, la propuesta tiene que ser del niño, no imponerse como dogma.

5.- Monitorear de cerca los contenidos de televisión, videojuegos e internet

Cuando el maestro no puede ver ni controlar lo que el niño hace fuera de la escuela, es importante que haya un monitoreo constante acerca de los contenidos a los que tiene acceso durante este tiempo para que ya de regreso al salón de clases, sea el maestro un contrapeso

para cualquier situación nociva. En este sentido, el maestro debe involucrarse con el alumno y a través de preguntas y respuestas, guiarlo en cuanto a sus decisiones, al momento de elegir acceder a cualquier contenido.

En este sentido, el maestro podría empezar, por ejemplo, por preguntar acerca de algún contenido  (película, programa de televisión, videojuego, página de internet) del que tenga conocimiento y que considere nocivo para el alumno. Una vez que los niños se empiecen a interesar en el tema, hacer preguntas reflexivas que los lleven a concluir por ellos mismos que el contenido del que se trate, no es conveniente.

6. Participar en actividades constructivas, entretenidas y enérgicas.

Con esto se busca que todos los niños participen en actividades donde ganen por equipos. El criterio para formar dichos equipos puede variar. Por ejemplo, puede ser por filas, por número de lista, por orden alfabético, etc.

Las actividades pueden ser tan variadas como la imaginación nos lo permita, y pueden consistir en actividades académicas, spelling bee, torneo de ajedrez, torneo de futbol, etc. Esto enseña a los  alumnos a estar juntos en el triunfo y la derrota, al mismo tiempo que fomenta el compañerismo e identifica las diferentes habilidades y gracias, ya que el mismo equipo puede ser el último lugar del spelling bee, pero el primero en el torneo de ajedrez.

Todo lo anterior, teniendo siempre presente el respeto y empatía del que hablamos en el primer punto.

7. Enseñar ejemplos y formas de actuar de buena voluntad

Esto tiene que ser una práctica constante; una forma de vida. Forzar al niño a buscar cosas buenas que pasen a su alrededor. Compartir en el salón de clases experiencias para que las cosas buenas también tengan presencia y cabida.

Para fomentar esta práctica se puede, por ejemplo, encargar a los alumnos que todos los lunes lleven el reporte de una noticia buena; organizar al grupo para “botear” en un teletón, investigar el nombre de diferentes instituciones que hagan cosas buenas, compartir experiencias de amigos y familiares que, en su opinión, hayan hecho algo bueno.

Como frecuentemente se dice: “lo importante no es el juguete sino el juego”. Y en este tema lo importante es el espíritu, la empatía, el respeto; formar hombres de bien, niños y adultos conscientes de su entorno; de que no estamos solos sino que vivimos en sociedad y que debemos tratar a los demás como nos gusta que nos traten a nosotros mismos.

Por Ángel Martorell

Presidente y Fundador de Amco, Líder en Investigación, Desarrollo e Implementación de Metodologías Educativas­­

www.amco.me

 

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