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Las conductas alimentarias, razones de peso de la obesidad

conducta chLa obesidad que hoy aqueja a tantas sociedades desarrolladas es un fenómeno complejo. Durante los últimos años se han realizado infinidad de estudios con el objeto de determinar su origen y causas, desde los más diversos puntos de vista –biológico, genético, económico, cultural, educativo o psicológico, entre muchos otros. Se trata, en efecto, de un problema multifactorial cuyas diversas facetas deben conocerse lo más profundamente posible a fin de contrarrestar los estragos que hoy por hoy ha provocado sobre la salud de millones de personas.

En este sentido, uno de los elementos fundamentales de la obesidad y el sobrepeso es, a decir de los especialistas, el comportamiento alimentario de individuos y grupos sociales. En su opinión, la falta de atención a este aspecto ha generado la pérdida de control sobre lo que hoy puede llamarse la epidemia de la obesidad.

Debido a ello, aseguran, es necesario replantear la manera en que ésta se trata. “Probablemente cualquier patología relacionada con la alimentación radica en el inadecuado abordaje que se hace del comportamiento humano”, escriben los doctores Antonio López-Espinoza y Alma Gabriela Martínez Moreno, ambos miembros del Sistema Nacional de Investigadores Perfil Promep en La importancia de comer bien, publicado en la revista México Social en noviembre pasado.

“La meta es llamar a la reflexión en torno a un elemento que en poco tiempo nos permitiría recuperar el control: el estudio, caracterización, análisis y experimentación del comportamiento alimentario.”

¿Qué es exactamente el comportamiento alimentario? Según explican los autores es todo aquello que hace un organismo para alimentarse, es decir, buscar comida, prepararla, almacenarla, seleccionar el tipo o tamaño de la porción, socializar mientras come, excretar la comida, etc.

En razón de esta diversidad, la conducta alimentaria debe estudiarse a partir de diferentes disciplinas, como la psicología, la antropología, la biología y la bioquímica. “Es casi irracional que se pretendan solucionar problemas como la desnutrición o la obesidad sin un adecuado abordaje del comportamiento alimentario”, advierten.

El hambre, por ejemplo, juega un rol determinante en la conducta alimentaria. Se trata de la necesidad, urgente, inaplazable y prioritaria de ingerir alimento, producto de la necesidad celular de nutrientes. Cuando esta necesidad no se cubre, o se cubre parcialmente durante periodos prolongados, aparece la desnutrición. En sentido contrario, cuando la necesidad se satisface, la persona estará, en teoría, debidamente alimentada. El problema surge cuando el apetito supera la saciedad.

En efecto, los doctores hacen una diferencia entre el apetito, al cual consideran como “el deseo o gusto por un alimento en específico, es decir, ‘tengo antojo de’”, y la saciedad, que se presenta cuando el organismo está satisfecho y deja de comer, a pesar de que tenga más alimento a su disposición.

Sucede, sin embargo, que las fronteras de la saciedad son muy frágiles. Como escriben los expertos, “a pesar de que la persona pueda sentirse satisfecha en una comida o cena familiar, siempre existirá el momento en que la abuelita, la madre o la hermana se acerquen a ofrecerle más comida o postre arguyendo que lo hicieron pensando en ella y es el que le gusta, aquél que satisface sus antojos.” En estos casos, generalmente ocurre que ésta acepta la invitación y come más, con todo y sentirse satisfecha de antemano.

De ahí la importancia de aprender a comer bien. Como anotan los autores, “el estudio e investigación del comportamiento humano es reciente; ojalá que el trabajo de quienes participamos en ello tenga trascendencia en las decisiones y políticas que se toman para dirigir los rumbos de la alimentación mundial.”

En este sentido, regular la conducta alimentaria depende tanto de una educación correcta sobre el tema –los riesgos de extralimitarse y dejarse llevar por los antojos, obviando las señales de saciedad que ofrece el cuerpo, por ejemplo- como de un genuino interés por adquirir mejores hábitos alimenticios, algo que depende fundamentalmente de una toma real de consciencia sobre los graves riesgos que implica comer inadecuadamente.

Fuente:

Antonio López-Espinoza, Alma Gabriela Martínez Moreno, La importancia de comer bien, Revista México Social, 1º noviembre 2012,

http://www.mexicosocial.org/index.php/secciones/especial/item/81-la-importancia-de-comer-bien.html

 

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