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Posted in Cuida tu diabetes, Destacados

Insuficiencia venosa también en jóvenes

insuficiencia chLa Insuficiencia Venosa Crónica (IVC) es un problema de salud pública que afecta al 80% de las mujeres y al 20% de los hombres en edad productiva, iniciando síntomas a temprana edad, como son los 18 años, y con  una prevalencia mayor entre los 30 y 40 años. Cuando no se trata puede ocasionar úlceras y con ello, incapacidad laboral y, en grados extremos de descuido, tener consecuencias fatales como embolia pulmonar.

“La IVC es un problema mundial, donde se mezclan factores genéticos, edad (entre 30 y 40 años), sexo, un estilo de vida sedentario, permanecer sentado o parado durante largo tiempo, embarazos, hormonas, herencia, uso de ropa ajustada, constipación, estatura (más altos, más riesgo), uso de tacones alto (la medida aceptable de tacón es de 5 cm, máximo 7 cm., más de eso es poner el riesgo la salud) y presentar obesidad” , comentó la Dra. Elizabeth Enriquez Vega, Jefa del Servicio de Angiología del Hospital de Especialidades La Raza, del IMSS.

Es un padecimiento crónico que provoca incapacidad laboral con importantes repercusiones económicas y ocasiona un deterioro progresivo y significativo en la vida de los pacientes (Agus 2005; Martínez 2005). “Todo esto impacta en la circulación de los miembros inferiores, provocando síntomas que llegan a ser incapacitantes y alterar su estado emocional”, agregó la Dra. Enriquez.

En México es una enfermedad no sólo subdiagnosticada, sino muy poco tomada en cuenta tanto por médicos como por los mismos pacientes y las autoridades sanitarias. El riesgo de desarrollarla es del 47% si uno de los padres tiene insuficiencia venosa superficial, y el 90% si ambos padres tienen enfermedad venosa.

La Unión Internacional de Flebología define la IVC como los cambios producidos en las extremidades inferiores resultado de la hipertensión venosa prolongada. Es una condición del sistema venoso que se caracteriza por la incapacidad funcional adecuada del retorno sanguíneo debido a anormalidades de la pared venosa y valvular que lleva a una obstrucción o reflujo sanguíneo en las venas.

El corazón es el órgano que bombea sangre oxigenada y nutrientes a través de las arterias a todos nuestros tejidos. Una vez que nuestros tejidos aprovechan los nutrientes y el oxígeno, los desechos generados por las células regresan al torrente sanguíneo a través de la venas. Las venas regresan esta sangre a los órganos que se encargan de depurar y oxigenar nuestra sangre como son el pulmón, los riñones y el hígado para ahí volver al corazón y completar el circuito del flujo sanguíneo. Las venas de nuestras piernas tienen que regresar la sangre desde nuestros pies hasta el corazón y esto las hace vulnerables a enfermarse.

Las venas sanas tienen una pared suficientemente fuerte para resistir esta presión. Por el contrario, las venas frágiles tienden a dilatarse haciendo difícil a la sangre regresar hacia arriba, hacia el corazón. Cuanto esta condición se hace crónica, con el resultado riesgo de complicaciones, se le conoce como Enfermedad Venosa Crónica.

La EVC inicia con molestias, pero es progresiva. Al principio sólo aparecen las arañas vasculares, pero pueden desarrollarse y conducir a complicaciones. La más seria es la formación de coágulos en una vena varicosa, la cual se llama trombosis venosa superficial. Otra complicación es el deterioro gradual de la piel del tobillo la cual se torna oscura y acartonada. La más severa de las complicaciones de la piel es la úlcera venosa. “Hay una evolución progresiva de los síntomas, pueden comenzar con pesadez, dolor de piernas, cansancio, fatiga en las piernas, hasta llegar a presentar edemas o hinchazón, adormecimiento y la presencia de úlceras”, comentó la especialista.

Las complicaciones pueden ocurrir como resultado de episodios progresivos, generalmente desencadenados por factores que empeoran la condición como cambios en los niveles hormonales (número de embarazos, menopausia, desbalance hormonal), sobrepeso, tiempos prolongados de inmovilidad ya sea de pie o sentado, exposición a altas temperaturas o continua cara de objetos pesados.

En etapas más avanzadas, varios años después, la hinchazón (edema) de los pies o los tobillos puede hacerse permanente y las venas varicosas se hacen más prominentes. Por ello es importante acudir con el médico angiólogo para una revisión y diagnóstico correcto y a tiempo, ya que esto permitirá seguir un tratamiento preventivo y de control, de la mejor manera posible.

Para evitarlas se debe mantener un peso adecuado, hacer ejercicio o caminar al menos 40 min., al día, hacer bicicleta o natación. Es preferible evitar el ejercicio extensamente que imponga presión sobre las venas como el tenis, squash y actividades que requieran cargar peso, llevar dieta balanceada alta en vitaminas y minerales y baja en grasas o azúcares refinados para proteger contra todas las enfermedades crónicas, utilizar medias de compresión graduadas de uso médico y usar medicamentos venotónicos.

Fuente: Laboratorios Servier

 

 

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