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Posted in Destacados, Nutrición

El trasplante de microbiota fecal una solución contra enfermedades gastrointestinales

microbiota chLas infecciones ocasionadas por Clostridium difficile se han convertido en una epidemia virtual durante las últimas dos décadas. El resultado de un tratamiento antibiótico estándar no es satisfactorio: las tasas de recurrencia son muy altas, donde cada recaída aumenta el riesgo de nuevas y más graves recaídas. El trasplante de microbiota fecal es una alternativa altamente efectiva y de rápida acción para tratar infecciones recurrentes ocasionadas por Clostridium difficile (IRCD, por sus siglas en inglés), tal como lo señala el Profr. Lawrence J. Brandt (Centro Médico Montefiore, Nueva York, EUA).

Según el especialista, más del 90 por ciento de los pacientes se curan en poco tiempo. Éste es uno de los temas que se presentarón en el marco de la 2da Cumbre Mundial “Flora Intestinal para la Salud” en Madrid, España. Desde el 24 de febrero de 2013, expertos líderes a nivel mundial han estado hablando sobre los más recientes avances en el área de investigación sobre flora intestinal y su impacto sobre la salud.

El número de infecciones intestinales a través de toxinas que libera la bacteria Clostridium difficile ha aumentado significativamente durante las dos últimas décadas. Los pacientes presentan diarrea, algunas veces acompañada de fiebre y dolor abdominal. En casos más severos, una infección tal puede incluso desarrollar una condición mortal. La bacteria C. difficile, que habita en el intestino de muchos individuos, no es dañina siempre y cuando esté controlada por otros tipos de bacteria intestinal que forman parte de la flora intestinal humana. Sin embargo, ciertos tratamientos antibióticos pueden interrumpir este equilibrio al reducir el número de estos competidores y al permitir que la cantidad de bacteria C. difficile crezca de forma desproporcionada. Es este papel dominante de C. difficile dentro de la composición de la flora intestinal que alberga la producción de toxinas y ocasiona la enfermedad.

El tratamiento estándar contra infecciones provocadas por C. difficile incluye el cese del antibiótico ofensivo, si es posible, y la administración de metronidazol o vancomycin, lo que significa que una enfermedad que ha sido inducida por antibióticos está siendo tratada por la administración de otros antibióticos. “La mayoría de los pacientes responden inicialmente a este tratamiento, pero el riesgo de recurrencia es del 10 al 20 por ciento”, dice el Profr. Brandt. “Y en los pacientes que tienen una recurrencia, la posibilidad de tener una segunda recurrencia es de hasta 45 por ciento, y de los pacientes que tienen una segunda recurrencia, la posibilidad de tener una tercera recurrencia es del 65 por ciento”. Hay evidencias de que la flora intestinal en pacientes con IRCD se ve alterada no sólo temporalmente, sino también de una forma más permanente. Tal como lo señala el Profr. Brandt, los estudios de la microbiota fecal de estos pacientes han demostrado tener un marcado decremento en la diversidad de su flora intestinal y especialmente  de las filas Bacteroidetes y Firmicutes, en comparación con la flora intestinal de pacientes normales y de pacientes que sólo han presentado un episodio de infección por C. difficile.

Las IRCD son difíciles de tratar y por lo general los doctores optan por administrar dosis adicionales de metronidazole o vancomycin, aunque con resultados mixtos como muestran las altas tasas de recurrencia. “Existe una gran necesidad por una terapia alterna y el trasplante de microbiota fecal (TMF) ha probado ser muy benéfica ya que sus tasas de curación, según estudios internacionales, superan el 90 por ciento a nivel mundial”, dijo el Prof. Brandt. Los efectos curativos del tratamiento son prematuros y continúan siendo permanentes en la gran mayoría de los casos.

El principio detrás del TMF es la restauración de una flora equilibrada a través de heces de donadores sanos que contienen los tipos de bacteria que no tiene la comunidad microbiana intestinal del paciente. El procedimiento como tal se conoce desde hace mucho y ha sido usado en China desde el Siglo IV para tratar varios tipos de enfermedades gastrointestinales. En tiempos modernos, el primer uso de TMF para tratar IRCD data desde hace 30 años. Mientras en aquel entonces los enemas eran la técnica más común para administrar las heces de los donadores, se han desarrollado desde entonces una variedad de métodos adicionales para la infusión fecal, incluyendo colonoscopía, así como tubos que usan la ruta a través de la nariz hacia el estómago o el duodeno.

“Hasta la fecha, el TMF mediante colonoscopía o enema ha probado ser más exitoso para las IRCD que usar una ruta nasogástrica, que con una tasa de resolución total del 80 por ciento continúa estando ligeramente por debajo del resultado promedio”, dijo el Profr. Brandt. Recientemente, se publicaron los resultados de un estudio controlado aleatorio sobre TMF administrado a través de un tubo naso duodenal, en comparación con sólo la administración de vancomycin y con un lavado intestinal. En este estudio, el nivel de curación para las IRCD fue del 81 por ciento después de un TMF y de 94 por ciento después de dos TMF en comparación con el 31 por ciento y el 23 por ciento de los pacientes en los brazos de vancomycin del estudio.

¿Cómo se lleva a cabo el trasplante? Antes de su administración y por el bien del paciente, las heces del donador deben ser evaluadas contra agentes infecciosos. Para poder producir una suspensión que se pueda infundir, las heces se mezclan con leche, agua o solución salina y se filtran para evitar la obstrucción del tubo o del canal accesorio del endoscopio, el cual sirve como una ‘tubería’ para las heces.

“La cantidad de heces usada no se ha estandarizado, aunque las personas que pesan y miden en vez de sólo ‘calcular a ojo de buen cubero’ la apariencia del producto favorecen 50g en 250cc de diluyente”, dijo el Profr. Brandt. “Parece que entre mayor sea la cantidad, habrá mejores resultados: los doctores que administran el TMF actualmente usan alrededor de 300cc para TMF colónico y 60cc para TMF por ruta superior”. Para asegurarse de que retengan las heces administradas durante al menos 4 horas, de preferencia 6, los pacientes toman un medicamento contra la diarrea antes de que comience el procedimiento. Sin importar la ruta de infusión elegida, parece que el TMF es un método seguro: hasta la fecha no se han reportado efectos secundarios negativos ni complicaciones.

Aunque la terapia para IRCD es el principal campo de aplicación del TMF hasta la fecha, también se ha usado exitosamente para tratar enfermedad crónica intestinal, síndrome de intestino irritable, obesidad y estreñimiento crónico. Incluso para un gran número de enfermedades no relacionadas con la GI, tales como Parkinson, síndrome de fatiga crónica y autismo, el TMF ha mostrado ser muy útil. El hecho de que esta amplia variedad incluya desórdenes neurológicos brinda más pruebas a la declaración de que el cerebro, el intestino y la microbiota están íntimamente conectados a través de un eje formado por una multitud de vías interrelacionadas.

“Hasta la fecha, mucho de lo que sabemos sobre el TMF se basa en la experiencia práctica. Necesitamos explorar a detalle los efectos que las diferentes variedades de este tratamiento tienen sobre todo la variedad de desórdenes a los que nos estamos enfrentando”, dijo el Profr. Brandt. “Sin embargo, ya es muy claro que esta nueva y a la vez antigua técnica tiene un gran potencial para el beneficio de los pacientes”.

Fuente: Gut Microbiota For Health Experts Exchange  www.gutmicrobiotaforhealth.com

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