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Posted in Destacados, En movimiento

El sobrepeso, la percepción hacia el ejercicio y la antipatía a moverse

sobre peso y ejercicio chLos cerebros de las mujeres con sobrepeso responden de manera diferente a las imágenes de ejercicio que los de las mujeres más esbeltas, según los hallazgos de un nuevo y sofisticado estudio neurológico. Esto sugiere que nuestro tamaño corporal podría influir más sobre nuestras actitudes hacia la actividad física de lo que se sabía hasta ahora.

Para realizar el estudio, publicado el mes pasado en The International Journal of Obesity, los científicos afiliados al Laboratorio Key de Cognición y Personalidad de la Universidad Southwest en Chongqing, China, reclutaron a 13 mujeres jóvenes y saludables con peso normal y a 13 mujeres con sobrepeso u obesidad.

Los científicos pidieron a sus voluntarias que respondieran a dos cuestionarios, uno de los cuales sondeaba hasta qué punto consideraban deseable el ejercicio.  Se preguntó, por ejemplo,  si ellas estarían de acuerdo en que  “estar sana y activa me ayudaría a hacer amistades”.   La otra serie de preguntas examinaba si esperaban que el ejercicio fuera desagradable; si, por ejemplo, esperarían que después estar físicamente activas la mayor parte de los días terminarían por sentirse adoloridas, o quizá avergonzadas de hacer ejercicio en público.

En seguida, los investigadores hicieron que cada mujer se recostara dentro de una máquina de resonancia magnética en operación. Este dispositivo escanea el torrente sanguíneo a áreas específicas del cerebro indicando aquellas cuya actividad se incrementa.  Después, los investigadores iniciaron una proyección de diapositivas.

Desde hace algún tiempo, los científicos han sabido que los cerebros de mucha gente con sobrepeso operan de manera distinta a los de las personas más esbeltas cuando miran imágenes relacionadas con el comer. En estudios neurológicos anteriores, al momento de observar imágenes de alimentos o de la preparación de los alimentos, los voluntarios con sobrepeso comenzaban a tener mayor actividad en las partes del cerebro relacionadas con el procesamiento de recompensas, o el ansia por gustar de cosas, incluyendo un área cerebral llamada el putamen. Al mismo tiempo, los cerebros de estos voluntarios demostraron una actividad relativamente disminuida en aquellas áreas que se piensa inducen la saciedad o la capacidad de saber cuándo nos sentimos saciados.  Generalmente estos cambios son al revés en los cerebros de las personas más esbeltas a las que se les muestran las mismas imágenes.

Sin embargo, ningún escaneo del cerebro había examinado si el exceso de peso podría también afectar las respuestas del cerebro (y presumiblemente las actitudes de las personas) hacia la actividad física.

Por tanto, con el fin de llenar ese vacío es que los investigadores desplegaron una serie de fotografías ante sus voluntarias mientras éstas yacían en la máquina de resonancia magnética.  Noventa de estas imágenes mostraban a personas en jubilosa actividad, como correr, bailar, saltar y otras.  Se les pidió a las mujeres que se imaginaran a sí mismas tan realistamente como fuera posible realizando esas mismas acciones por medio de gestos con las manos, contorsiones limitadas del cuerpo hasta donde fuera posible dentro de los confines del escaneador.

En otras noventa imágenes aparecían comportamientos relajados, sedentarios, como estirarse en un sofá o sentarse en una silla de escritorio.  Nuevamente, en este caso, se les indicó a las mujeres que se imaginaran a sí mismas  descansando así.  Se intercalaron fotografías de paisajes a estas imágenes diversas de actividad y quietud.

Mientras las mujeres observaban estas imágenes,  la máquina de resonancia magnética continuó monitoreando su actividad cerebral.

Las lecturas que resultaron de lo anterior, revelaron que los cerebros de las mujeres con sobrepeso se desalentaban con el ejercicio.  Cuando se les mostraban imágenes de personas en actividad, estas mujeres registraron poca actividad en la región cerebral del putamen. Esto sugiere que ellas no disfrutaban lo que estaban viendo.  Al mismo tiempo, la parte del cerebro que trata con las emociones negativas se iluminó mucho más cuando ellas vieron imágenes de movimiento que cuando veían imágenes de gente sentada.  Los escaneos sugirieron que en términos emocionales ellas anticipaban que les disgustaría la actividad física mucho más de lo que esperaban disgustarse por estar sentadas.

Por mucho la actividad cerebral de las mujeres esbeltas fue todo lo contrario.  El putamen se iluminaba cuando veían a otros ejercitarse y se visualizaban a sí mismas haciendo lo mismo.

A primera vista estos datos podrían parecer desalentadores puesto que subrayan la posibilidad de que la obesidad o el sobrepeso se autorrefuerzan. No obstante,  es imposible saber a partir de este estudio si el disgusto por el ejercicio contribuyó a la ganancia de peso o es consecuencia del mismo.

Un último e inesperado hallazgo del estudio, sin embargo, ofrece esperanza.  Los escaneos también demostraron que cuando las voluntarias con sobrepeso vieron imágenes de ejercicio, una parte de su cerebro relacionada con la memoria del movimiento permaneció obstinadamente silenciosa.  Sus cuerpos no estaban familiarizados con la actividad. Los autores del estudio especulan que esto pudo haber contribuido a la respuesta emocional negativa de estas mujeres a la actividad. Ellas no sabían cómo hacer ejercicio y anticipaban que no disfrutarían aprendiendo cómo hacerlo.

Lo interesante es que al inicio del estudio, cuando respondieron a los cuestionarios, estas mujeres también dijeron que esperaban que el ejercicio terminaría por hacerlas sentir avergonzadas.  (Al mismo tiempo, creían que si tan solo pudieran hacer ejercicio serían más populares.)

Los mensajes prácticos de los hallazgos resultan obvios y casi conmovedores.

“Alentar a la gente a realizar actividades físicas y ejercicios que realmente encuentren placenteros y que podrían disfrutar” dijo Todd Jackson, profesor de la ciencia del ejercicio en la Universidad Southwest, y director de este estudio. Él también recomienda a las personas inactivas contratar a un entrenador o coach personal  bondadoso, que no juzgue, para que las ayude a seguir una rutina de ejercicio manejable.

Ahora, si a pesar de estas estrategias usted sigue sintiéndose más atraído hacia el sofá que al gimnasio, utilice esa inclinación estratégicamente “como incentivo o recompensa por hacer más ejercicio” dijo el Dr. Jackson. Nade durante 45 minutos y luego permítase navegar la Internet, por ejemplo.  Él sugiere que no hay que combatir la actitud poco entusiasta del cerebro por el ejercicio, sino aprovecharla.

 

Fuente:

Jackson T, Gao X, Chen H. Differences in neural activation to depictions of physical exercise and sedentary activity: An fMRI study of overweight and lean chinese women. Int J Obes (Lond) 2013 Dec 24.

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