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Publicado en Diabetes

Diabetes y ceguera

La retinopatía diabética es una de las complicaciones más frecuentes que padecen los diabéticos de larga duración, y es la segunda causa de ceguera en los países occidentales.

 

 

 

Según diversos estudios, el 80% de los diabéticos que llevan enfermos más de 15 años sufre algún daño o lesión en la vista. La acumulación de glucosa en la sangre daña todos los vasos sanguíneos, lo que puede provocar enfermedades como la retinopatía, pero también enfermedades cardiacas, cerebro-vasculares o renales. Obviamente, estos daños serán más graves cuanto peor sea el control y tratamiento de la diabetes.

En pacientes con diabetes tipo 1 o tipo 2 que llevan enfermos mucho tiempo (normalmente, más de 30 años), la retinopatía diabética es una de las consecuencias más graves y frecuentes. Actualmente, es la causa más frecuente de ceguera en países como EE UU.

Es una degeneración progresiva de los vasos sanguíneos de la retina, que puede desembocar en ceguera si no se trata correctamente. Al principio, los capilares del ojo se vuelven porosos y dejan filtrar su líquido y sangre hacia la retina, lo que provoca que la visión se vuelva borrosa. A medida que la enfermedad progresa, crecen nuevos vasos sanguíneos, pero más frágiles. La sangre de estos nuevos vasos porosos puede ensuciar el humor vítreo, bloqueando el paso de la luz e impidiendo una visión clara. Si también se ve afectada la mácula, se inflama y la vista se nubla. A esto se le conoce como edema macular.

En los inicios de la retinopatía no se experimenta ningún tipo de síntoma, pero a medida que la enfermedad progresa, se empieza a notar pérdida de visión, manchas flotando, imágenes borrosas, etc.

Existen dos variantes de esta enfermedad. La no proliferativa, que es la más común, en la que se producen pequeñas hemorragias al romperse los vasos sanguíneos de la retina. Este tipo no requiere tratamiento en la mayoría de los casos y no provoca graves consecuencias en la vista.

Y la retinopatía proliferativa, las menos común pero a la vez la más grave, ya que puede desembocar en ceguera.

¿Cuál es su tratamiento?

Lo primero para controlar la retinopatía es tratar de manera adecuada la diabetes, para evitar la acumulación continuada de glucosa en la sangre y así evitar daños en los vasos sanguíneos.

Los diabéticos deben acudir periódicamente al oftalmólogo para que revise su vista y pueda detectar la enfermedad en sus estados más iniciales.

En ocasiones se puede recurrir al láser para cerrar las filtraciones y así evitar que los vasos sanguíneos expulsen su líquido hacia la retina. Asimismo, esta técnica impide que se desprenda la retina. El láser también se usa para curar el edema macular.

Si se producen hemorragias dentro del ojo o se llega a desprender la retina, es necesario realizar una vitrectomía.

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